El Juego de la Copa

EL JUEGO DE LA COPA

 

  Mi hermano Carlos y yo estábamos viajando a la estancia de mis primas Laura e Inés, mientras mis padres y los de Laura se iban de viaje a Entre Ríos.

  Cuando llegamos, estaban las dos esperándonos en la entrada. Luego de un rato, cuando todo ya estaba acomodado, Laura nos contó que quería jugar a un juego y ya tenía todo preparado; se llamaba “el juego de la copa”.

  Al llegar la noche, mi prima nos mostró el tablero, la copa y nos enseñó a jugar mientras yo preguntaba:

-¿Qué es el juego de la copa? ¿Está bueno?

-Es un juego en el que se llaman a los espíritus y se les hacen preguntas; está genial- me respondió Laura.

  Le comenté a Carlos y le dije que no me sentiría bien jugando a ese juego porque me daba un poco de miedo.

  Carlos le contó a Laura la situación y ella me dijo:

-¡Tenés trece años y actuás como una bebita!

  Como Carlos iba a jugar, yo me sumé finalmente; porque si él lo hacía, yo también.

  Ya estaba todo listo para comenzar el juego, cuando Laura tomó la iniciativa y dijo la primera frase en la oscuridad, a la luz de las velas:

-Si estás ante nosotros espíritu, danos una señal.

  Luego de eso, una ventana se abrió y mi exaltación comenzó.

  Laura siguió preguntando:

-¿Eres un espíritu bueno?

  La copa se movió en el tablero pasando por arriba de dos letras y formó la palabra NO.

  Laura dijo:

-¡Danos una señal o nos iremos!

  La copa se movió por el tablero, otra vez, pasando por encima de dos letras varias veces y formó la onomatopeya JAJAJAJAJA.

  La siguiente pregunta fue:

-¿Qué haces aquí esta noche? ¿Vienes a llevarte a  alguno de nosotros?

  El espíritu contestó por encima de las letras y las palabras apenas alcanzaban a leerse: LAURA VA A MORIR.

  Tanto fue el shock que el juego terminó en esa frase.

  Decidimos rezar los cuatro juntos algunas oraciones y luego nos fuimos a dormir.

  Estaba muy nerviosa y las palabras se me  repetían una y otra vez en la cabeza: LAURA VA A MORIR.

  Tenía muchas ganas de ir al baño y tenía dos opciones: ir y enfrentarme a mi miedo o hacerme pis en la cama. Decidí ir porque ya había aguantado demasiado.

  La casa de mis tíos era bastante grande y como ellos estaban de vacaciones, todo estaba cerrado con llave y sólo teníamos acceso a un solo baño.

  Al salir, vi por la ventana una gran explosión en la isla ubicada en el centro de la laguna de la estancia. Fui preocupada a la habitación de mis primos y como no estaban me dirigí a la de Carlos, pero él tampoco estaba. Entonces me fui alarmada afuera porque tal vez se habían ido con los caseros a buscar alguna vaca perdida por el campo.

  En la tranquera encontré a Carlos e Inés.

  Me preguntaron si había visto a Laura y yo dije que no porque pensé que estaba con ellos.

  Uno propuso que vayamos a dormir y explicó que quizás Laura se asustó y se dirigió a la casa de los caseros.

  Al día siguiente, nos levantamos ansiosos para ir a la misa y encontrarnos con Laura.

  Al entrar en la iglesia, sentimos que un aire melancólico había caído sobre ella.

  Estaba repleta de personas y sólo encontramos lugar en el último banco.

  Cuando el sacerdote empezó la misa, escuchamos estas palabras:

-Queridos hermanos, hoy estamos reunidos aquí en memoria de nuestra querida hermana Laura, la cual murió ayer en el incendio de la isla.

  Inés y Carlos se acercaron a ver el cadáver de mi prima y cuando volvieron, vi la cara pálida de Inés y el rostro estupefacto de Carlos.

  Luego de eso escuché detrás de mí una voz, la cual conocía. Era la de Laura y ella me decía:

-Tranquila, soy Laura; ¿vieron el incendio de anoche?

 M & C