¡HOLA! EL MARTES 26 DE AGOSTO SE DESARROLLÓ EN NUESTRA ESCUELA LA VII FERIA DE LETRAS DONDE PRESENTAMOS NUESTRO BLOG. COMO NOS GUSTAN LOS ENIGMAS, JUGAMOS CON NUESTROS PADRES A RESOLVERLOS. AHORA ES EL TURNO DE USTEDES… ¿SE ANIMAN?

1) UN DETECTIVE ESTÁ INTENTANDO DESCUBRIR UN ASESINO. TIENE CINCO POSIBLES SOSPECHOSOS A LOS QUE ESTÁ INTERROGANDO.

ANTE LAS INSISTENTES PREGUNTAS HECHAS POR EL INSPECTOR PARA INTENTAR DESCUBRIR AL ASESINO, LOS CINCO SOSPECHOSOS CONTESTARON LO SIGUIENTE:

ANTONIO: -Ha sido David.

BLAS: -Yo no he sido.

CARLOS: -No ha sido Enrique.

DAVID: -Antonio no dice la verdad.

ENRIQUE: -Blas no dice la verdad.

SU COMPAÑERO DE TRABAJO LE AVISA QUE HAY EXACTAMENTE DOS AFIRMACIONES FALSAS. ¿PUEDES AYUDAR AL DETECTIVE A DESCUBRIR QUIÉN ES EL ASESINO?

2) HAY CUATRO ACUSADOS: A, B, C Y D. SE ESTABLECIERON LOS SIGUIENTES HECHOS:

-SI “A” ES CULPABLE, ENTONCES “B” ES CÓMPLICE.

-SI “B” ES CULPABLE, ENTONCES “C” ES CÓMPLICE O “A” ES INOCENTE.

-SI “D” ES INOCENTE, ENTONCES “A” ES CULPABLE Y “C” INOCENTE.

-SI “D” ES CULPABLE, TAMBIÉN LO ES “A”.

¿QUIÉNES SON CULPABLES Y QUIÉNES INOCENTES?

La lección

En un pueblo de Misiones, vivía un anciano que tenía muy buena posición económica, pero lamentablemente era muy egoísta con las personas que lo rodeaban.

Debido a esto, se iba quedando cada vez más solo. Así los años, comenzaron a pasar.

Cierto día, un joven tocó su puerta. Estaba hambriento y sucio de vagar en las calles. La vida no le había dado demasiadas posibilidades.

Cuando Rodolfo abrió la puerta, lo miró despectivamente y lo echó de su casa.

El muchacho se alejó triste y solitario.

Pasaron los años y el anciano enfermó.

Existía la sanación, pero los tratamientos eran muy costosos. Luego de un tiempo, el hombre se curó. Había perdido todas sus propiedades y ahorros. Ahora era él quien vagaba melancólico por las calles, enfrentando las adversidades de las mismas.

Fue así que el anciano golpeó la puerta de una hermosa casa. Atendió un joven. Él pidió limosna. El joven reaccionó al reconocerlo; era el mismo que hacía años había recibido el desprecio del viejo arrogante. Pero su reacción no fue la misma, sino que lo recibió amablemente y lo cobijó en su hogar. Rodolfo había aprendido la lección más importante; la que cambiaría su vida.

F & B

Una extraña sorpresa

Soy María, hoy cumplo 16 años. No me gusta ir de campamento o salir a la noche, porque tengo mucho miedo.

Mi mamá, no me cuenta cuentos de terror desde que tengo 6 años, porque un día, me contó un cuento que trataba de dos chicas que fueron de campamento al campo de su tío y le sucedían cosas horribles. Una noche les desaparecieron las linternas y estaban solas, sin luz en el medio del campo:- ¿Nos dormimos?- dijo una de ellas. Así empieza la historia…

Bueno… esa es la primer parte de la historia; la verdad que contarlo me da demasiado miedo. Hoy es el día de mi cumpleaños, me invitaron a un campamento y no quiero decir que no, porque sino voy a quedar como una miedosa,  pero lo que pasa es que tengo mucho miedo.

-¡María, hay que superar los miedos!- dice mi mamá.

-Mamá,  tengo miedo desde los 6 años y nunca lo superé, no lo voy a superar ahora a esta edad.

Luciana,  mi amiga,  me vino a buscar para ir de campamento y le dije que estaba con tos y no podía tomar frío.

-Espera Lu,  tomaré la pastilla e iré al campamento más tarde- dije.

-Dale Mari, yo te espero, no olvides tu mochila.

Fuimos a buscar a nuestra amiga Gisela que estaba lista en la casa de la abuela.

Luego de un rato,  llegamos al campamento y armamos la carpa. No estaba muy  contenta porque tenía mucho miedo. Luciana me convencía de no tener miedo y quedarme sólo esta noche durmiendo en el campo. 

Gisela dijo que la pasaría bien esta noche.

-¡Es sólo es un campamento!-gritó.

-Sí,  pero pienso que estaría mejor en mi casa –dije yo.

La noche llegó y encendimos un fogón. Se escuchaban los búhos y grillos.

Guitarreamos y cantamos.

A la madrugada, nos acostamos.

El trinar de las aves me despertó y comprobé que mi miedo se había convertido en parte de mi pasado.

A.R.

El croto

Una tarde  Lautaro, Julieta y Jonatán  estaban tomando mate en la casa de Romina. De repente,  Lautaro dijo:- ¿A qué nadie se anima a ir al cementerio después de las 12:00 de la noche?

Los tres chicos jugaron un rato, pero luego aceptaron.

-¿Entonces paso por ustedes a las 11:45?- dijo Lautaro.

– Sí- respondieron las chicas.

Llegó la noche, y salieron caminando hasta el cementerio que quedaba a cinco cuadras. Al llegar,  entraron todos juntos porque tenían miedo. Estaba oscuro. Hacía frío.

Decidieron separarse para que la experiencia sea más cautivante.  Lautaro y Romina por un lado; Julieta y Jonatán , por otro.

Lautaro y Romina sintieron fuertes pisadas y de repente,  se les apareció un temible hombre, con una barba gigante, un bigote y un sombrero espantoso.

Los otros chicos sólo escucharon el eco de los gritos de Romina y Lautaro. Enseguida,  corrieron atrapados por los gritos. Cuando llegaron, las caras de Lautaro y Romina estaban pálidas y les contaron el susto que se  habían llevado al ver a ese croto, que se había entrometido en su conversación. Luego que volvieron del cementerio, decidieron buscar quién cuidaría de él. Le contaron a sus padres, pero luego de unos comentarios se dieron cuenta que lo que descubrieron fue el espíritu de un croto, el cual  se levantaba sólo para los aniversarios de Halloween.

Los chicos nunca más quisieron ir de noche al lugar.

A.L.S

La casa de Margarita

El verano llegó y yo fui a conocer la casa inundada.

Era grande, linda, antigua, pintada de blanco. Los muebles eran modernos. Me recibió Margarita sentada en un kayak. Nos dimos un beso y ella me invitó a remar para recorrer la casa.

Nunca había  visto algo así. Sus libros flotaban, mientras se desintegraban en el agua. Luego encontramos el sótano. Fuimos a ver cómo andaba todo por ahí.

Había mucho agua, andaban nutrias, entre otros animales. Más tarde, la señora me invitó a recorrer las habitaciones inundadas. Fuimos por la primera habitación.

Luego la señora me dijo si quería hacer una novela sobre la casa inundada. Y yo sorprendido le dije:-¡CLARO QUE SÍ! ¿por qué no?-.

Un tiempo después de escribir la novela, salió en todas las bibliotecas y me hice famoso.

T.D.L.C

Obra adaptada del libro “Ganas de tener miedo” de Franco Vaccarini, dramatizada por alumnos de 5° y 6° año de EP N°1

 

Julián  – Che Walter, tengo ganas de tener miedo. 

Narrador – La voz de su amigo Julián lo sacó del sopor de la siesta, estaba apoyado contra una pared, de frente al jardín, acariciados por el sol tibio del mes de julio, mes de vacaciones y de holgazanerías. 

Narrador – Julián y Walter tienen doce años, andan de un lado a otro sin saber qué hacer. Pronto se irán a vivir a la ciudad para empezar la secundaria, y el campo, la verdad, les parecía chato y aburrido, por más pajaritos, naturaleza y vacas que hubiera. 

Walter – No saben lo aburrida que puede ser una vaca. La colorada, por ejemplo es capaz de mirarte fijo y sin expresión horas enteras.

-Mi papá tiene un cuaderno de tapas verdes donde anota prolijamente cada vaca por su nombre de pila. Ahí lleva una especie de ficha clínica: vacunaciones, pariciones, fecha de la última visita al toro (un cara de malo que se llamaba manchón), etc. La elección del nombre no era azarosa: papá tiene en cuenta su tamaño (la grandota, la chiquita), algún problema físico (la renga) y el carácter (la mañera y la vanidosa) por ejemplo. 

Narrador  – Esa tarde, bajo el sol de la siesta, en plenas vacaciones de julio, ellos se parecen a las vacas. Estaban hartos de sentirse aburridos, pero les gusta la sensación del sol sobre la piel y dejarse estar sin hacer nada, bovina y pacíficamente, rumiando planes para su futura mudanza a la ciudad… pero ahí esta Julián, fastidiando con sus comentarios. 

Julián – Te digo que tengo ganas de hacer algo raro. No sé…ir a visitar la tapera del ahorcado. 

Walter – Estás loco, no me digas que crees en esas pavadas. 

Julián – Bueno, pero algo hay que hacer. ¿O vamos a pasarnos las vacaciones tomando sol? 

Narrador – A Walter personalmente, la idea de quedarse así, espalda contra la pared, tibio y medio dormido, no le producía rechazo. Pero era cierto que algo tenían que hacer. La idea de ir a la ciudad era lo único que ocupaba su interés, entonces, se ponían ansiosos. Esa parte de sus vidas se tornó muy lenta. Querían terminar rápidamente séptimo grado. Tener a mano quioscos para comprarse alfajores, conocer chicas, ir al cine, eso para ellos era la ciudad. Ya no les gustaba la escarcha de los piletones ni ayudar a su papá en los trabajos de campo: dar de comer a las gallinas, vacunar a los terneros… en fin, todo eso había perdido su encanto.

Lo que sí les gustaba era leer por las noches. Hacía muy poco Walter había leído Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, y había quedado soñando con esos veleros que navegaban por la arena. De noche, tuvo pesadillas.

 Walter – Si querés tener miedo te puedo prestar un libro.

Julián – ¡Salí! , el día que yo agarre un libro de esos que vos lees, se va a terminar el mundo. – Walter quiero que vayamos a la tapera del ahorcado. 

Walter –   También podemos despertar a mi viejo de la siesta. Le golpeamos la ventana y salimos corriendo antes de que nos vea. Eso sí que sería de terror. 

Narrador – Walter analizó la propuesta de Julián. La tapera del ahorcado quedaba a unos quinientos metros, cortando camino por el campo de su papá hasta llegar a la chacra que pertenecía al ahorcado, o a sus sucesores, a los que nadie había visto nunca. 

Narrador – Era una historia triste, pero perfectamente comprensible. Los vecinos comentaban que hacía mucho tiempo había vivido allí el Vasco Garmendia. Estaba solo desde la muerte de su esposa, y no era de hablar mucho ni de tener amigos. Un día, decidió ahorcarse, decidió poner fin a su existencia. 

Julián – Sí,  esa historia es la que cuentan los chicos en la escuela, pero ocurrió hace tanto tiempo que nadie conoció al Vasco Garmendia personalmente. Su campo quedó abandonado y así nació la leyenda de la tapera del ahorcado, que cada tanto, hace una aparición fantasmal, ya sea presentándose en el en el camino, de noche, a los que pasean a caballo o en sulki. Dicen que se te presenta y te dice cosas incoherentes hasta que desaparece en el aire. 

Julián – Sí, también dicen que es muy celoso de su tapera y que guarda terribles sorpresas para los intrusos. 

Walter – Bueno yo no creo en esas cosas, y pienso que vos  tampoco. Pero bueno tenes razón, son las vacaciones de invierno, estamos en el medio del campo y queremos vivir experiencias interesantes para contarles a las chicas que conozcamos en la ciudad. 

Julián – Entonces no demos más vueltas, lo único que tenemos a mano es la tapera del ahorcado. O despertar a tu papá de la siesta. 

Walter – Bueno ¿Y qué propones? 

Julián – Que esta noche vayamos a la tapera del ahorcado. 

Walter – Estás loco. 

Julián – Pensá que el año que viene vamos a impresionar a las chicas de la ciudad con semejante aventura ¡EL ENCUENTRO CON UN FANTASMA! 

Narrador -Esa argumentación lo convenció así que aceptó, pero el asunto presentaba múltiples inconvenientes.

Por empezar, ¿Cómo iban a salir de noche? 

Julián – Ya sé,  pidamos permiso para cazar pajaritos en el monte como lo hacemos siempre. 

Julián – Les pido permiso a mis papás para quedarme a dormir en tu casa. 

Narrador – Los padres de Walter no pusieron reparos para que realizaran la cacería, salvo exigirles que  volvieran ante de las once.

Narrador – Después de cenar, cargaron en un morral su equipo de exploración: linternas, pilas, pasamontañas y bufandas por si tenían frío, y semillas de girasol. Para disimular, agarraron las hondas y unos balines.

Se pusieron en marcha. 

Walter – Tofí, ¿ nos acompañás?, a mí me tranquiliza su presencia porque Tofí es desconfiado, huele todo y, si sospecha algo raro, no para de ladrar.

Dieron unas vueltas en el monte para disimular y, por fin, tomaron el campo para cortar camino hasta la tapera. 

Julián – ¡Hace mucho frío! 

Walter – Sí, ¿y viste que oscura está la noche?, apenas se ve una estrella. 

Walter – Muy bien Tofi, seguí olfateando. 

Julián – No te preocupes, son sólo unos minutos; vamos, miramos y volvemos. 

Walter – Ah,  suena muy simple. 

Narrador  – El coraje de Walter estaba vacilando. Pensaba todo el tiempo cómo podría encontrar un motivo digno para interrumpir la aventura.

Una vez en la chacra del Vasco, comenzaron a caminar en silencio, conteniendo la respiración.

De pronto en los matorrales les pareció ver una luz.

Y Tofi comenzó a ladrar. 

Julián -¿Walter viste lo mismo que yo?

Narrador –  Walter ni le contestó. Había quedado paralizado. 

Walter – Ahora se apagó. 

Walter – Volvamos. Hay gente en la tapera. 

Julián – Ni loco, vinimos a tener miedo. 

Narrador –  Walter decidió no pensar quién podía vivir en ese rancho. 

Walter – Sí, pero ésto es miedo en serio. Es peligroso. Apagaron la luz cuando oyeron los ladridos de Tofi. 

Julián – Si querés, volvé solo. Pero te digo que para mi fue una luciérnaga ¿Quién te crees que puede vivir en ese rancho hecho trizas? 

Narrador –  Tofi olfateaba, pero ya no ladraba. Saltaron una tranquera y tuvieron el rancho a la vista. La cal de las paredes brillaba en la oscuridad, se acercaron a lo que parecía ser un aljibe abandonado. 

Julián – (alumbra con la linterna y mira hacia abajo) Está lleno de ranas. 

Walter –¿A ver? dame la linterna. 

Narrador  – Las ranas se removieron inquietas y sintieron un escalofrío en todo el cuerpo. 

Walter – Suficiente. Ya tengo miedo, rajemos. 

Julián – No estoy de acuerdo. Bueno, no estoy del todo de acuerdo… 

Narrador – Julián ya no se mostraba tan seguro, eso aumentó las ganas de irse de Walter.

Entonces Tofi ladró nuevamente. 

Del susto Walter casi se cae dentro  del aljibe  y Julián reprimió un grito. 

Walter – Vamos a vivir una noche inolvidable para impresionar a nuestras futuras amigas del secundario. 

Julián – Tenés razón, vinimos a tener miedo, a vivir una aventura. Creo que lo primero que tenemos que hacer es entrar y ver si hay alguien adentro. 

Narrador – A pesar de la situación Walter se rió, esa era la parte desconcertante de su personalidad: al ver que Julián estaba más asustado que él, cambió de idea, iban a quedarse, iban a entrar en la Tapera del ahorcado.

Narrador – Se alejaron del aljibe e ingresaron en una zona llena de canteros desprolijos; flores y muchos yuyos.

 Narrador – Finalmente llegaron a la puerta, un puerta de madera podrida, con los vidrios rotos y los postigos abiertos.

 Narrador – Julián se quedó quieto, Walter también, Tofi olfateaba el piso de ladrillos, fiel a su plan. Ambos chicos no sabían qué hacer.

 Walter – ¡Qué tristeza tanto abandono!

 Julián – ¿Fuiste vos?

 Walter – No me bromes, fuiste vos.

 Narrador – Entonces la puerta se abrió.

 Narrador – La puerta se abrió, pero no había nadie ante ellos.

 Narrador – Entonces una tercera vos aclaró…

 Nicasio – Fui yo

 Narrador – Un hombre extraño, barbudo y viejo, apareció bajo el marco de la puerta.

 Nicasio – Me llamo Nicasio ¿y ustedes?

 Narrador – Lo único  que los salvó de no volverse locos de pánico, es que el bobo de Tofi le movía la cola al desconocido. Y si Tofi movía la cola, todo estaba bien. Porque, para desconfiado, Tofi.

 Walter – Yo me llamo Walter.

 Julián – Y yo Julián.

 Nicasio -¿qué hacen por aquí?

 Julián – Es que estamos de  vacaciones y  el campo ya nos resulta  muy aburrido,  entonces  nos dieron ganas de hacer algo diferente, excitante.

Walter – En este lugar hace mucho tiempo se ahorcó un hombre. ¿Usted lo sabía?

Nicasio – Los caminantes sabemos esas cosas, sí. Pero no le damos importancia. Bueno pasen o se van a quedar ahí parados?

Narrador – Nicasio prendió una vieja lámpara de Querosén, su mecha alumbraba lo suficiente para verse las caras.

Nicasio – Siéntense.

Narrador –  En un abrir y cerrar de ojos, el caminante encendió una pila de ramas y puso sobre ellas una pava renegrida.

Narrador – Nunca habían conversado con un croto, pensaron que iban a tomarse unos mates y luego se irían a casa.

Pero Nicasio comenzó a contarles historias, unas historias…

Nicasio –Claro que conozco la leyenda de este lugar. Sí, hace mucho tiempo aquí se ahorcó el dueño, el Vasco Garmendia. Es cierto. Se ahorcó en la higuera; estaba viejo y desengañado. Su esposa había muerto; sus hijos, grandes, vivían en la ciudad y apenas si venían a visitarlo. Ellos querían llevárselo a la ciudad, pero él no quería, es por eso que un día vaya a saber uno por qué, decidió terminar con todo.

Narrador – Se hizo un silencio; Julián y Walter estaban conmovidos.

Nicasio carraspeó y aligerando su tono de voz, dijo…

Nicasio – Pero la historia  más horrenda no es  esa, pero tal vez  no deba contársela…

Julián – ¡Por favor cuéntela!

Nicasio- Se dice que todavía anda rondando por acá su espíritu  y que es por eso que nadie se ha atrevido a pisar nuevamente este campo.

Walter – ¿Y usted cómo sabe todo eso?

Julián –  si sabe  eso, ¿por qué  vino?

Nicasio – Me lo contó alguien que logró escapar de esas cosas horrendas que pasan en este lugar.

Narrador – Walter y Julián empezaron a sentir un escalofrío que les corrió desde la cintura hasta el cuello, miraron a su alrededor y todo era oscuridad. Tanto era el miedo que tenían que no habían reparado que Nicasio ya no estaba con ellos, no había ni rastros del croto, ni del fuego, ni de la lámpara, en realidad se dieron cuenta de que hacía mucho frío, un frío espantoso.

Walter – Ju, Ju , Julián qué  está pasando? ¿Dónde está Nicasio?

Narrador – Disimulando su miedo, Julián respondió:

Julián –  Sólo debe querer asustarnos, no te preocupes. (Mira a los costados con miedo)

Al decir ésto, los sobresaltó un ruido de hojas aplastadas.

Walter –¿ ¡Escuchaste!?

Narrador  – Silencio…  Ruidos…  Silencio…

Y otra vez los pasos…

Narrador  – Ese sonido sólo podía significar una cosa:

Alguien se estaba acercando a la tapera.

Julián –¿ Es usted Nicasio?,  por favor no nos haga más bromas.

Nicasio – (con voz ronca) ¿Qué sucede con aquellos seres que, después de morir siguen reclamando algo que les perteneció en este mundo?

Julián y Walter – (Dijeron a la vez) –  ¿Quién es usted, qué quiere?

Nicasio – Quiero que me dejen en paz… Pero antes quiero dejarles una historia para que les cuenten a las chicas de la ciudad.

Mírenme y no se olviden de mi cara.

Narrador -Nicasio se saca su disfraz y Walter al borde de las lágrimas vio la cara de su padre y detrás lo toma una mano, era su madre.

Narrador: muchas veces tenemos ganas de tener miedo, pero cuando en realidad lo sentimos, todas esas ganas desaparecen como por arte de magia.

Gracias Franco por escribir una historia que nos identifica.

 

 

 

La mansión de las tumbas

Cierto día,  un grupo de estudiantes fallecieron en un terrible accidente automovilístico. En ese lugar,  un señor mandó a construir una casa.

La gente estaba muy enojada porque ahí habían muerto sus familiares.

Pasó el tiempo y la gran casona se terminó de construir.

Una tarde, unos niños llamados Juan y Francisco se atrevieron a entrar a ella sin permiso.

Al entrar, se encontraron con un lugar oscuro, donde sólo se podía ver el resplandor de unas velas.   Caminaron despacio y se encontraron con muchas tumbas en una terrible habitación. Sorprendidos, los chicos las observaron. Se dieron cuenta que tenían los nombres de las personas fallecidas en el accidente.

De repente, se sintieron fuertes pisadas; eran del dueño de la casa. Tenía una cara  temible y Francisco se estremeció al verla. Salieron corriendo, subieron las escaleras asustados y  empezaron a cerrar las puertas y ventanas. Se escondieron debajo de una cama. El señor comenzó a gritar  y ellos temblaban del susto.

Luego de unos minutos, rompió el picaporte de la puerta y los encontró debajo de la cama. Los empezó a correr por toda la mansión, mientras ellos gritaban.

Finalmente, una voz dulce le dijo a Juan:

-Juan, soy Francisco, despertá que llegamos tarde a la escuela.

P.C.

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